• IGLESIA DE SAN FRANCISCO
     Nos encontramos en la iglesia de la Virgen de la Asunción del ex Convento de San Francisco, conocido sencillamente y por los motivos que a continuación sabrán, como la Iglesia del Hospital. A mediados del siglo XVII, concretamente en 1644, se establece en Puente Genil la Orden de los Frailes Menores (vulgo Franciscanos) algo más arriba de donde nos encontramos, en la ermita de la Veracruz. Pero casi inmediatamente, y debido a la incomodidad y estrechez que les presentaba aquel primitivo convento de la Veracruz, en 1649 obtienen licencia y comienzan las obras de construcción del Convento al que perteneció esta Iglesia, tomando posesión del mismo en 1664. Lógicamente la iglesia, es algo más tardía que el convento, siendo dedicada unos años más tarde en 1705, aunque no concluyó y se abrió a la fieles hasta 1759.
     La iglesia fue dedicada a la Asunción de la Virgen, lo que justifica el color celeste y dorado que predominan en el retablo mayor (quizás poco apropiados para un Cristo), así como la temática mariana de las pinturas del camarín central. La Virgen de la Asunción, que podemos contemplar en el lado de la epístola de la iglesia, y a quien se consagra el templo hace más de 300 años es una bellísima Virgen de los Ángeles, durante décadas atribuida a Luisa Roldán, La Roldana, como tantísimas obras en Andalucía, y que estudios más recientes y posiblemente más acertados, sitúan en la órbita del genovés Anton María Maragliano.     Sin embargo a partir de 1890, la portentosa Imagen del Señor de la Humildad, obra anónima probablemente del primer tercio del siglo XVII (y cuya venida a Puente Genil tiene también una historia absolutamente deliciosa), desplaza a la de la Virgen, ocupando desde entonces el camarín central. De este Señor de la Humildad y Paciencia, el Humilde, solo diremos que fue traído en 1706 a la Puente de Don Gonzalo por  la Venerable Madre Gregoria Francisca de Santa Teresa, una de las grandes místicas sevillanas, al ser destinada a nuestra villa como maestra de novicias del Convento Carmelita. Su biógrafo Diego Torres de Villarroel nos cuenta que, arrodillada la venerable en la intimidad del convento de las Teresas, en Sevilla, al despedirse de la imagen oyó que ésta le hablaba y le decía “llévame”. Desde aquel noviembre de 1706 hasta el hoy el Humilde ha sido el consuelo, el aliento y la esperanza de muchas generaciones de pontanos que a sus pies depositaron penas, miedos, sueños e ilusiones.     

Tras la desamortización de Mendizábal (1836) el Estado al no haber podido enajenarlo, en 1861/1862 cede el Convento (no así la templo, que fue siempre propiedad eclesiástica) al Ayuntamiento, que destinó el mismo y a lo largo del tiempo a varios fines: escuelas de niños, biblioteca y desde 1883 hasta 1993 Hospital Municipal (de ahí que popularmente se sigua conociendo como la Iglesia del Hospital). Posteriormente fue residencia de ancianos, edifico de juzgados y acogiendo en la actualidad un centro de día para enfermos de Alzheimer y otras asociaciones de ayuda y acción social.
     La iglesia está edificada en ladrillo y mampostería. Al exterior solo dan la fachada principal (hoy cerrada) y la lateral correspondiente al lado del Evangelio, por donde hemos accedido al templo; el resto queda adosado a las dependencias del antiguo Convento. Presenta planta de cruz latina, con una nave longitudinal de cinco tramos separados por pilastras, un crucero cuadrangular y un presbiterio de un solo tramo.
    Se desconoce la autoría de la iglesia, si bien podemos afirmar –obviamente- que es de estilo barroco, conviviendo en ella, eso sí,  varios barrocos: arquitectónicamente se enmarca en un primer barroco de corte manierista (así nos los indica la ornamentación justa, espacios únicos que limitan al máximo la dispersión, o el tratamiento de las cubiertas…), si bien atendiendo a los retablos principales, muy especialmente al retablo mayor, con profusión de hojarasca que no deja un espacio sin cubrir, el contraste de la policromía y sobre todo el empleo del estípite, nos sitúa en un barroco mucho más evolucionado, más exuberante. Recordad que la fábrica de la iglesia data de la segunda mitad del siglo XVII y en cambio, la decoración del retablo culmina ya el siglo XVIII. La autoría del retablo mayor no está documentada, pero se relaciona con el cordobés Félix Pérez de Mena, a quien se atribuye igualmente los retablos de San José y de la Virgen de Fátima (brazo izquierdo y derecho del crucero, ocupados, respectivamente, por la Virgen de los Ángeles y San José).  


En cuanto a los bienes muebles que se encuentran en el interior de la iglesia, son cuadros e imágenes de santos y monjas de temática franciscana: a la derecha del Señor de la Humildad descubrimos a San Pedro Alcántara recibiendo al Espíritu Santo que le entra por la izquierda, al otro lado San Pascual Bailón, más arriba, en el mismo piso que el restaurado camarín central encontramos a  San Juan de Prado, al otro un santo franciscano sin identificar, posiblemente San Diego de Alcalá; más arriba en una pequeña hornacina centrada en el retablo una pequeña imagen de Santa Rita, en el último piso San Buenaventura, Santa Clara… Presiden el retablo el Cristo de la Esperanza de brazos abiertos y acogedores, escudos franciscanos entre la hojarasca… Ninguna de las tallas ni de las pinturas posee especial relevancia artística, excepto quizás el cuadro de la Inmaculada Concepción colocado al lado de la epístola sobre la puerta de acceso al coro, que pudo ser donado por el fundador del Convento D. Francisco Gil de Melgar (pontanés y canónigo doctoral de la catedral de Sevilla) para que fuera ella la titular de la iglesia. Sin embargo y a pesar de sus deseos –concluido el templo- fue sustituida por la talla de la Virgen de los Ángeles o de la Asunción. Cuadros e imágenes que comparten el mérito de formar y compartir la historia del conjunto de la iglesia y el convento. Al margen de que casi todas las imágenes se encuentran desplazadas respecto a su ubicación original, hoy conviven con otras de reciente introducción como  San Marcos o la Virgen del Pilar, para quien en el siglo XIX se construyó un retablo en yeso donde hoy podemos contemplar la bellísima imagen de la Virgen de la Amargura.





    La Iglesia fue declarada BIC e incluida en su correspondiente catálogo con la tipología de Monumento mediante Decreto de 30 de abril de 2013.
    Independientemente del valor artístico, este conjunto monumental del Convento franciscano ha adquirido a lo largo de los siglos una importancia de mucha más relevancia, precisamente aquella que le viene dada a partir del cariño y la identificación de cientos de miles de pontanenses. Imán de atracción de cánticos, de abrazos y sentimientos durante la cuaresma y la Semana Santa pontana, cada hijo de esta tierra, cada enamorado de ella alberga en la parte más iluminada de su alma, un rinconcito de afecto y cariño hacia lo que estas paredes encierran y representan. 

  • Documentales relacionados con nuestra Sede Canónica.


Video: Pontaneando

Video: Lucía Paniagua

Texto: Javier Villafranca Muñoz (web de la Cofradía de la Humildad)

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