Cristian Molina nuevo Cofrade Mayor de Ntra. Sra. de la Cruz y San Juan Evangelista

Vendrán días, han de venir.

   

  Parafraseando al gran Manolo García, comienzo este artículo. 

     Nuestra querida Pecera, como cariñosamente denominamos a nuestro cuartel, quedó paralizada en el tiempo, justo en mitad de nuestra Cuaresma. Nuestra "Vieja" con cuatro patas. El cuartel ávido de hermanos, porque sólo acababa de comenzar a recibirnos. La alacena repleta de ricas viandas y buenos caldos para transformarlos en perfecto hilo conductor de la hermandad que se esperaba en esos días. Nuestras paredes esperando ser acicaladas, poco a poco, conforme se acercaba la Semana de Pasión. El cuarto de figuras se quedó igual; con los cirios rematados de cera consumida de otras batallas. El olor a espera de los armarios que guardan, con esmero y cuidado, nuestras ropas, no dio tiempo a irse. Las sandalias quedaron sin limpiar, los leotardos sin planchar y el farolillo... el farolillo sin encender. 

     Con todo ello, abrazos sin dar. Poesías inconclusas en nuestro ordenador, esperando ser rematadas para lucir sus mejores galas en la mesa del Pez. Otras ya impresas, guardadas con mimo. Insignias sin entregar. Protocolos esperando ser desarrollados. Saetas que se quedaron en el corazón y palabras que no salieron del armario de nuestra memoria. 

     Cuántos "¡Pum, El Pez!" sin gritar. Nene, cuántas sentadillas te ahorraste de hacer, copa en mano, para los hermanos levantar. 
     El "hermanos, todos" de Lolo se quedó en nuestro recuerdo. Y a pesar que, físicamente llevamos años que no lo escuchamos de su boca, sino de Francis o su hermano Nene, curiosamente en nuestra memoria, lo seguimos viendo a él. 



    Risas de Jorge, alegrías y bromas de la Chusma. "Cantemos Tu Gloria" de Fede, Ausentes con el tambor roto. Stabat Mater portentoso en la garganta de Guille, o saeta dulce como una nana de nuestro "Chupe". Última Cena de Quique. El sonido seco de la matraca a la hora nona, redoblando en treinta siente ocasiones en la tarde del Viernes Santo. La Bienvenida a la Semana Santa en familia, el rezo antes de empapar al Miércoles Santo de la Historia de Tobías. Cantos al Humilde, de madrugada, sudorosos, cansados y despeinados. El olor a café y pan caliente en la destemplada mañana del Viernes, tras rendir pleitesía al "Amo de Toas las Cargas". Pero no sin antes vivir unas Estaciones, únicas, sólo unas horas antes, como despedida al Día del Amor Fraterno. 

     Y las palabras de Juanfe, las bienvenidas de nuestro presidente, y nuestro cartel de Semana Santa ofrecido por nuestro Decano. Las palabras de Rafa al presentar una nueva Pecera. La emotividad de Antonio Ortiz, que seguro que tomaría la palabra en algún almuerzo. Las corbatas negras de un Domingo de Ramos, tan inusuales como imprescindibles, de dos hermanos que van dirigiendo a la Borriquita por las calles de Puente Genil. Las plegarias desde un balcón ferviente a Cristo y María, devueltas con el esfuerzo de una treintena de hombres en una levantá soberbia. 

     El arroz de un Lunes Santo, que sirve como bálsamo después de tanto vivido el día anterior. Una mesa vestida de negro. Jueves Santo, donde no existe pluma ni papel que sepa describir lo que se vive en calle Santos, 3.  Calurosa subida a besar el pie al Terrible... Palabras de Agrupación, Cofradías, Manantero y Pregonero.

    Y así... todos estos momentos se quedaron a centímetros de nuestra boca, y no pudieron pasar por nuestro corazón.  Y seamos realistas, aunque nuestro grupo de Watshapp nos ha servido de consuelo, necesitamos tocar lo intangible. Lo que sólo El Pez sabe vivir, y lo que sólo en El Pez se puede vivir. 
    
     Necesitamos acariciar la belleza de lo que organizamos. Necesitamos tener entre nuestras manos nuestros sentimientos y vivencias. Y ahora que, gracias a Dios, parece ser que la luz comienza a brillar más fuerte, ese sentimiento de necesidad se intensifica, aún más. 



    Vendrán días, han de venir. Y en la Pecera, se volverá a vivir una atmósfera que sólo tiene nuestra agua. Vendrá días, han de venir. Y recuperaremos lo perdido, porque lo importante no es el día, ni cuándo, ni cómo. Lo importante es el "con quién" y eso no nos lo quitará nadie. 

     Vendrá días, han de venir. Se acercan. ¿Los veis en el horizonte? ¡Preparémonos para ellos hermanos!


  Por Mario Quero Delgado